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Homenaje a Guille Heer (por Isabel Suppé)


La cumbre del Artesonraju encerrada por un espeso manto de neblina. Pasa una nube, se desdibuja la silueta del andinista que viene rapelando de la cumbre. Sigue pasando la nube y su figura desvanece en la blancura. Pasó la nube y desapareció Guille. Desapareció el guía argentino Guillermo Heer.
Ha desaparecido también su camera con los instantes compartidos alrededor del fogón. Ha desaparecido la paz del Artesonraju enmarcado por las ramas de los queñuales a la luz del atardecer. Ha desaparecido la sonrisa de Guille.
Quedan ochocientos metros de insoportable certeza, ochocientos metros de nieve y hielo por donde resbala nuestra esperanza. Quedan los interminables rapeles, la noche, la búsqueda entre las grietas. Continuamos a pesar del frío y del cansancio para no tener que pronunciar lo irremediable.
Triste ironía tener que bajar a pedir ayuda justo para Guille. Al entrar a la Quebrada de Parón había discutido con el guardaparque acerca de la falta de una patrulla de rescate bien organizada en la Cordillera Blanca. Poco se imaginaba que él mismo, a pesar de toda su experiencia como guía iba precisar de un rescate. Había estado preocupado por la inestabilidad del manto nivoso y el mal tiempo pero nunca hubiera pensado que algo tan sencillo como el mero cansancio lo iba a llevar a desasegurarse de la línea de rapel sin previamente colocar un autoseguro.
El guardia del puesto de control aprovecha la situación para discutir con un colega. La transmisión por radio de la emergencia viene en segundo lugar. Sin embargo avisa a la USAM (unidad especial de la policía para rescates en alta montaña). Segura que el rescate está siendo preparado bajo a Caraz donde me encuentro con la lamentable sorpresa que la USAM no atiende el teléfono ni se encuentra en su puesto.
Tengo que averiguar el número del celular personal del Mayor Cueva para enterarme de su ubicación. Cuando acudo a la dirección indicada por ese último me encuentro no con realismo mágico sino con una realidad muy triste: los integrantes de la USAM lejos de preparar el rescate están tirados en unos sillones haciendo poco menos que nada.
Si el accidentado tenía un seguro quiere saber el Mayor. Ante mi respuesta negativa se retira pensativo con sus colegas para meditar si salir o no. Ante mi insistencia termina prometiendo el envío de la enorme cantidad de cuatro hombres para el día siguiente- pero no sin advertirme en seguida la falta de personal y recursos.
Muy distinta la actitud de la casa de guías, paradojalmente dependiente de la USAM, por lo menos en cuanto a lo legal pero por suerte no en lo ético. El profesor Américo Serrano pone el ejemplo: sin un momento de duda renuncia a las vacaciones con su familia y parte a buscar a Guille.
El ejemplo de Américo es seguido por el guía Pedro Callupe Limay, los aspirantes Alfredo López Oropeza y Bredón Castro Manrique además de los porteadores Carlos y Cesar Loli, Raúl Lliuya y Cirili a quienes se quiere agradecer en ese lugar- y no sin olvidar el gran apoyo que dieron el director de la CEAM, Edson Ramirez Henostroza y Milagros Castillo Rodríguez, la secretaria de la CEAM desde Huaraz. Sin ellos y sin el respaldo económico de los amigos y familiares hubiera sido mucho más difícil o directamente imposible encontrar al cuerpo de Guille. Como ninguna asociación argentina de guías de montaña ni los clubes de andinismo en general disponen de un fondo de rescate ni de seguro alguno para casos de emergencia,  el rescate dependió enteramente de medios privados. Surge la escalofriante pregunta: ¿qué pasa con los andinistas pobres?
No podríamos haber salvado a nuestro compañero. Pero habrá otros andinistas que tal vez sí podrán ser salvados- si aprendemos de este triste ejemplo. Si en vez de lamentarnos de lo ocurrido en Perú donde no podemos cambiar nada abrimos los ojos para examinar el igualmente imperfecto y a veces desastrosamente malo sistema de rescate en alta montaña en Argentina. Si ponemos manos a la obra para mejorarlo. Si por fin remediamos la falta de un fondo de rescate.
Para que los guías argentinos puedan escalar y trabajar con más seguridad. Para que los trágicos eventos en el Artesonraju hayan tenido un sentido. Y para vos, Guille. Para que puedas descansar en paz y para que los tuyos encuentren consuelo por tu ausencia.